ALITERACIONES

Traducciones, repeticiones, señales de humo, mensajes desde otro mundo. Aliteraciones del lenguaje.

El poeta, editor y traductor Nicolás López-Pérez traduce un texto de Audre Lorde. La autora fue una escritora afroamericana, feminista, lesbiana y activista por los derechos civiles, nacida en New York en 1934. Desarrolló el pensamiento lesbofeminista y abogó por una estructura política en la estética poética. Murió 1992, por culpa del cáncer, en la ciudad de Saint Croix, Estados Unidos.

LA POESÍA NO ES UN LUJO

La calidad de la luz por la que escudriñamos en nuestras vidas tiene una consecuencia directa sobre los resultados que vivimos y sobre los cambios que esperamos lograr a través de esas vidas. Es dentro de esta luz que formamos ideas mediante las que perseguimos nuestra magia y la hacemos realidad. Esto es, la poesía como iluminación. Porque es a través de la poesía que damos nombre a esas ideas que -hasta el poema no tienen ni nombre ni forma- están a punto de nacer, pero ya se sienten. La destilación de experiencia desde la cual brota la poesía auténtica hace nacer el pensamiento como el sueño hace nacer el concepto, como el sentimiento hace nacer la idea, como el conocimiento hace nacer (precede) a la comprensión.

En la medida que aprendemos a soportar la intimidad del escudriñamiento y a florecer dentro de él, en la medida que aprendemos a usar los productos de ese escudriñamiento para obtener poder dentro de nuestra vida, esos temores que gobiernan nuestras vidas y forman nuestros silencios comienzan a perder su control sobre nosotros.

Para cada una de nosotras como mujeres, hay un lugar oscuro interior donde se esconde y se levanta nuestro verdadero espíritu, “Hermoso y duro como una castaña / una columna contra nuestra pesadilla de debilidad” (1) e impotencia.

Estos espacios potenciales dentro de nosotras son oscuros, porque son antiguos y recónditos. Han sobrevivido y se han desarrollado con fuerza a través de la oscuridad. Dentro de estos lugares profundos, cada una de nosotras cobija una reserva increíble de creatividad y poder, de emociones y sentimientos que no hemos examinado y que no hemos consignado. El lugar de poder de las mujeres dentro de cada una de nosotras no es ni blanco ni superficial, es oscuro, antiguo y profundo.

Cuando observamos la vida a la europea como un problema por resolver, confiamos solamente en que nuestras ideas pueden hacernos libres, toda vez que los padres blancos nos dijeron que ellas eran valiosas.

Creo, a estas alturas, que las mujeres llevan dentro la posibilidad de fusionar estas dos perspectivas como una clave para la supervivencia y es en la poesía donde más nos acercamos a esta combinación. Hablo de poesía como la revelación o el destilado de la experiencia, no la palabra estéril que se profiere tan a menudo, los padres blancos han distorsionado la palabra poesía para significar –en aras a cubrir su desesperado deseo para imaginar sin sospechar.

Para las mujeres, por tanto, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital de nuestra existencia. Ella moldea la calidad de la luz bajo la cual predicamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, primero hechas lenguaje, luego ideas y posteriormente, acciones tangibles.

La poesía es el camino mediante el cual damos nombre a lo que no tiene nombre para que pueda convertirse en pensamiento. Los más amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están adoquinados por nuestros poemas, esculpidos desde la piedra de nuestras experiencias cotidianas.

A medida que vamos conociendo y aceptándonos a nosotras mismas, nuestros sentimientos, y la más honesta exploración de ellos, se convierten en santuarios, fortalezas y semilleros para las más radicales y atrevidas ideas. El hogar de la diferencia, tan necesario para el cambio y la conceptuación de cualquier acción significativa. Ahora mismo puedo enumerar al menos diez ideas que alguna vez encontré intolerables, incomprensibles y espantosas, si es que no hubiesen provenido después de sueños y poemas. Esta no es una fantasía ociosa, sino el significado real de “me parece bien”. Podemos entrenarnos para respetar nuestros sentimientos y ordenarlos (cambiándolos) hacia un lenguaje en que encajen para poder compartirlos. Y donde el lenguaje aún no exista, nuestra poesía ayudará a forjarlo. La poesía no es solo un sueño o una visión, es la estructura ósea de nuestras vidas.

Las posibilidades no son ni perennes ni efímeras. No resulta fácil sostener la creencia en su eficacia. A veces podemos trabajar largo y duro para establecer la base de una auténtica resistencia contra las muertes que esperamos vivir, una base violada o amenazada por las falacias que hemos socializado para temer o por la retirada de sus aprobaciones que nos han advertido que busquemos seguridad. Nos vemos disminuidas y debilitadas por las acusaciones falsamente benévolas de que somos infantiles, particularistas, egocéntricas y sensuales. Habría que preguntarse: ¿estoy modificando tu aura, tus ideas, tus sueños o solo te estoy movilizando a tener una reacción temporal? (Incluso si esto ultimo no es una tarea, es preciso que se entienda en el contexto de un cambio genuino en los fundamentos de nuestras vidas)

Los padres blancos nos dijeron: pienso, luego existo. Y la madre negra que todos llevamos dentro, la poeta que nos susurra en sueños: siento, luego puedo ser libre. La poesía acuña el lenguaje para expresar e impulsar esta exigencia revolucionaria, la puesta en marcha de la libertad. Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado que la acción en el presente es siempre necesaria. Nuestr_s hij_s no pueden soñar si no viven, no pueden vivir si no son alimentados, ¿y quién podrá proporcionarles el alimento genuino sin el cual sus sueños no serán distintos de los nuestros? “¡Si quieres que cambiemos el mundo algún día, al menos tenemos que vivir lo suficiente para crecer!”, gritan l_s niñ_s.

A veces nos drogamos a nosotras mismas con sueños de nuevas ideas. El pensamiento nos salvará. El cerebro nos liberará. Aunque no hay nuevas ideas esperando para protegernos como mujeres, como seres humanas. Tan solo existen ideas viejas y olvidadas. Y de ellas, junto a una valentía renovada, tenemos que probar nuevas combinaciones, nuevas extrapolaciones y reconocimientos. En todo momento tenemos que empoderarnos a nosotras mismas y a cada una de nosotras para poner a prueba esas acciones heréticas que están implícitas en nuestros sueños y que son menospreciadas por el pensamiento tradicional. Solo la poesía, desde la vanguardia de nuestra lucha por el cambio, insinúa las posibilidades que pueden hacerse realidad. Nuestros poemas formulan la complicidad con nuestro ser, lo que sentimos en el fondo y nos atrevemos a concretar (o a generar una acción en conjunto) nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros más íntimos temores.

Nuestros sentimientos no están llamados a sobrevivir en una estructura de vida definida por el provecho, por el poder vertical, por la deshumanización institucionalizada. Los sentimientos se han mantenido como anexos inevitables o pasatiempos placenteros, con miras a que se dobleguen al pensamiento así como las mujeres se doblegan ante los hombres. Pero las mujeres han sobrevivido. Como poetas. Y no hay nuevos dolores. Los hemos sentido todos. Los hemos escondido en el mismo lugar donde hemos escondido nuestro poder. Ambos se encuentran en nuestros sueños y es que los sueños nos señalan el camino hacia la libertad. Podemos realizarlos a través de los poemas que nos dan la fuerza y la valentía para ver, para sentir, para hablar y para atrevernos.

Si lo que necesitamos para sonar, para mover nuestros espíritus hacia el fondo y directamente hacia y a través de la promesa, es un lujo, entonces habremos renunciado al núcleo, a la fuente de nuestro poder, nuestra condición de mujeres: habremos renunciado al futuro de nuestro mundo.

Porque no hay ideas nuevas. Solo hay nuevas maneras de sentirlas, de examinar lo que estas ideas significan en realidad (o como se sienten) a las siete de la mañana de un domingo, después del brunch, durante el frenesí de amor, hacienda la guerra, dando a luz, mientras sufrimos por los viejos anhelos, batallamos contra las viejas advertencias y los miedos a permanecer en silencio, impotentes y solas, mientras saboreamos nuestras nuevas posibilidades y nuestras nuevas fortalezas.

Enlace al texto original (1) De “Black Mother Woman”, publicado en From A Land Where Other People Live (Broadside Press, Detroit, 1973), y reunido en Chosen Poems: Old and New (W. W. Norton and Company, New York, 1982) p. 53. Hay traducción en: https://codexmarginalis.blogspot.com/2020/06/audre-lorde-mujer-madre-negra-no-puedo.html