CIELO AZULADO

Para este cuarto número – el de confinamiento – está con nosotros la poeta Yeny Díaz Wentén (Los Ángeles, 2018). Profesora general básica de  la Universidad de Concepción sede Los  Ángeles. Ha sido incluida en diversas recopilaciones, entre estas tenemos Antología poética de mujeres mapuche (XX -XXI) de la editorial LOM y Lof sitiado Homenaje poético al pueblo mapuche de Chile de la Editorial LOM.

Ha participado en el taller de la  Fundación Pablo Neruda, Temuco (2007), dirigido  por Clemente Riedemann y en diversos   talleres de la ciudad de Los Ángeles.

El año 2010 fueron publicados algunos  de sus poemas en la revista peruana de la Universidad de San Marcos “Vicionario” dirigida por el poeta Arturo  Corcuera y en la  Revista crítica de literatura latinoamericana Katatay (Buenos Aires).

Publica su primer libro Exhumaciones, Camino del Ciego Los Ángeles. En 2014 es invitada a participar en el  Parlamento del libro y la palabra organizado por la Universidad de Chile. En el año 2015 publica su segundo Libro Animitas de  la Editorial Independiente Gramaje Ediciones, Santiago

En 2016 participa en la gira Literaria Tres poetas en Francia junto a los poetas Juan Cristóbal Romero y Andrés Morales. Participa  en Filsa “Mesa de lectura de mujeres indígenas”. El 2017 participa en el Encuentro de poesía de mujeres  “Versadas” organizado por la  Biblioteca de Santiago. En el año 2018 presenta su libro “La hija de la lavandera” editorial Garceta en Santiago.

CIELO AZULADO es un espacio para la poesía que se construye en Chile.


No nacido

Soy el no nacido espejo

llanto de agua

nieto del tronco ausente

y la carne y sus ternuras entre las ancas tibias

desta niña potranca

me muevo entre su músculo dentro siguiendo la huella

de esos que dejarán su marcha

muerdo cría la ventisca de sus soles vientos

tierno el indio que semilla pieza, del linaje soy yo

en el hueco carnoso de su tierra.

Partan el cielo

partan la tierra

agarren el cielo para sentirlo, cerca mama,

            limpio el cielo para ti…

Capullo nazco de tus pechos de mezcla

mirando muy lejos soy harina de oro

lamparita de mi abuelo

crin de las viejas este cuerpo forjado

tallar de esperanza al río

soy harina de oro, Manuel,

reboso el hueco carnoso de la esperanza.

Despertaré

            despertaré.

De tanta pena tuya abrazar el cielo voy

ahora no tengo miedo

y no tengo sangre entre mis manos

y no tengo miedo

el paso del terrible se rompió hace años.

Partan el cielo

partan la tierra

agarren el cielo para sentirlo cerca, mama,

            limpio el cielo para ti.

Y de la rotura de tus arenas

y del polvo más indio abriré color

creceré árbol compasivo por tus aberturas

y cada herida sellaré, cantar seguir la huella

levantar el espíritu del agua.

             A cantar la tierra.

Limpiaré los caminos para la virgen

y reiré para los santos

respiraré por los ángeles

y a Dios por fin volveré.

Exhumaciones, 2010. Editorial Camino del Ciego. Los Ángeles.


Arrullo del canelo

Para el niño Catrileo, Lemún y los que nombro en mi corazón.

Cae canelo cae

Cae canelo cae

Duerme la tierra oscura

Cae canelo cae

Duerme la muerte sola

Niño pequeño cae

Duerme la noche niña

Cae canelo cae

Calma mi pena aguada

Duerme mi niño afuera

Cae canelo cae

Cae canelo cae

Recoge el alma niño

Cae canelo cae

La muerte se fue llena

Mi niño no me llora

Cae canelo cae

Cae canelo cae

Levanta mi alma llora

Mi alma se que’o sola

Cae canelo cae

Cae canelo cae

Agáchate canelo

Mira como me muero

Cae canelo cae

Cae canelo cae.

Exhumaciones, 2010. Editorial Camino del Ciego, Los Ángeles.


Cuando el gallo rojo entona su canto

y las putitas desprenden su aroma dulce,

el diablo encendido baila con su

fuego nocturno llamando a las horas,

a los días, a nosotros, a nuestra danza sin Dios.

Cuando el gallo rojo entona su canto

y los perros ladran amargados,

las señoras prenden velas

a estos hijos desamados, a los hijos fuera de Dios.

Cuando el gallo rojo entona su canto

y el diablo danza, algunos rezan,

otros maldicen

a la orilla desta carretera, mi Señor.

Animitas, 2016. Editorial Gramaje, Santiago.


Calista Arminda Rivero Rojo, 16 años,

camino al colegio, atropellada

por motociclista –se dio a la fuga.

La vemos preocupada y dice “pronto

tocarán la campana”.

Sus compañeros pasan,

le piden buenas notas a su animita,

llena de recuerdos y corbatas.

Ayer debí rezar antes de dormir,

mi taita cuenta que hasta los bueyes se persignan

y que todos los pájaros en el atardecer

vuelan en su nombre.

Después que se llevaron a mi padre,

mi taita se quedó conmigo,

me enseñó a leer, a torcer el camino de las hormigas

y a mirar el sol con obediencia,

“mi golondrina incendiada, hija encendida

de las estrellas”, me decía.

La sonrisa es para los contentos y en este camino

no nos quedaron ni el alma ni los dientes buenos.

Animitas, 2016. Editorial Gramaje, Santiago.


Arrullo para el niño Huenante*

Los niños encardados no deberían desaparecer

podrían llegar gritando desde el bosque uuuiiiiuuuuu

achirados los niños deberían llegar a casa ¡sí!

y alborotar a los perros y a cuanto zorro vive entre el peumo.

Es septiembre con esa lluvia solapada

que  anda de loca lavando la sangre de la huella

borrando toda seña de los captores.

Yo que tengo a llanto la mitad de tu sangre

y un corazón achirado por el castizo

me pena a esta hora por no escuchar tus latidos.

Es septiembre y por el río no crecen las achiras

ha de ser eso entonces

no has visto los colores que guían nuestras almas

ha de ser eso entonces

o el pasaje en la noche

o los árboles que desechan sus flores y

todo se vuelve un llanto en tu casa,

aún se arrulla tu camisa y toca la cicatriz de tu frente.

Ay de mi niño encardado susurra

mi cielito Huenante.

*José Gerardo Huenante Huenante, 16 años, joven mapuche desaparecido

en el año 2005. La investigación señala a carabineros como sospechosos.

La hija de la lavandera, 2018. Editorial Garceta, Santiago.


Invierno

Es invierno y voy rumbo a derrumbarme a la capital

a vivir de amor y a mesa servida dijo la criada que abrió la puerta.

¿Qué hace una lavandera con un señorito? ¿Qué hace la capital

con la champurria?

Es invierno y acá la lavaza se hace más perversa,

el barro se pega a los faldones de las señoras opulentas

y fregar mantas de Castilla es partirse los dedos.

Nadie se apiada de las señoritas pobres, menos de las

lavanderas.

He visto parir a las muchachas del pueblo y morir como vinieron,

con los ojos velados, miserable tela que les lanza la muerte.

¡Que pobre! ¡que miseria es ser mujer por estos tiempos!

¡que miseria es ser mujer en todos los tiempos!

Y yo que creo poco en Dios, llevo mi caldero hirviendo

por el diablo y por ser india, lavandera y champurria

la muy insolente pensaran algunos.

Me da igual hay señoras locas en Cristo

prefiero ser pobre, un río y del peumo

¡oh su olor hervido! Así huele ser libre

a peumo de invierno y achira de verano.

Peumo perenne como el corazón de las otras

que partieron al eterno gemido de las pobres.

He lavado sábanas paridas de damas y de las ancianas las camas de orín

la sangre y el orín son miserables y pobres,

todos somos iguales, aunque algunas más iguales que otras no sé…

pienso en este peumo y en el invierno y en las achiras que se llevó mi verano.

Voy rumbo a derrumbarme a la capital

a vivir de amor y a mesa servida dijo la criada que abrió la puerta.

¿Qué hace una lavandera con un señorito? ¿Qué hace la capital

con la champurria?

Las señoras madres del señorito no pueden creer qué locura

¡qué esquizofrenia! traer pobreza a esta casa

traer lavaza y humo a la salita de estar

olor a fuego de peumo a invierno sin flor

“¿cómo traen amor a esta casa?”, “¡amor que no conocemos!”

¿cómo se ama a una lavandera, cómo se ama al río?

Voy rumbo a derrumbarme a la capital

a vivir de amor y a mesa servida dijo la criada que abrió la puerta.

¿Qué hace una lavandera con un señorito? ¿Qué hace la capital

con la champurria?

La hija de la lavandera, 2018. Editorial Garceta, Santiago.


Octubre

Hay decenas de ojos deshermanados con el viento de octubre

Sí! con el viento de octubre  ese que mueve nuestros pañuelos,

nuestros gritos aves que se achiran escapan de la jaula,

agua que se agita con la autoridad

encendida de los familiares dormidos

y octubre grita es por todas por todos,

y se aburrió la cocina de estar encerrada

y salió cantando con las cucharas y dijo que no hay,

que no hay  silencio peor que la deuda y la guata vacía.

Es octubre y es el mismo viento frío… hoy se

descuelgan los pétalos como si nevera otra vez en la aldea

y los frutos se acercan temerosos, pero firmes

nuestros los familiares ya idos retumban

zumbones como las abejas trayendo vida después

de tanto padecer por estos campos.

Mamá ha querido gritar tantas veces ese llanto apretujado

que la aqueja y está libre le digo ahora podemos

ya no es mi madre es mi hermana

es carozo, rama la enredadera

que me tejió el consuelo, esperanza y mi vida.

Es octubre y yo sigo pensando en las achiras,

lengüetas de fuego y pienso en el verano con

luciérnagas que abrillantan la noche,

y me he embarcado en esas micros de la montaña

un par de cuadras para entrar a esta aldea.

Van jóvenes que sueñan con ballenas que no hay por las cordilleras

y pájaros que se pierden en el horizonte y ríen gritan sus nombres

para que las mujeres no los olviden y es primavera otra vez,

primavera y vuelven los comerciantes gritando sus frutos olorosos

de manzanas frutillas jugos de aromas y vienen

nuevas las achiras y pienso en los jóvenes que gritaron sus nombres

pero ahora con las identificaciones y ya no es mi madre aterrada

es otra que maldice y no es septiembre

y los dictadores han estado siempre

y tomaron las luciérnagas

y las metieron en un frasco

luego  las vendieron como la luz más cara

ataron al río y lo mandaron a sepultar a la casa del

sargento.

Después el aguijón le pegó a algunos y a nadie le importó

y lloraron

y lloraron

y nadie escuchó el aullido del perro negro en el prado verde,

nadie escuchó el aullido que pronunciaba la muerte,

solo esos que son de la tierra más negra

más negra que he visto señor

oyeron el llanto de mis hermanos,

el aullido del perro negro en el prado verde;

y los persiguieron nuevamente

y los envolvieron otras vez en el pañuelo

y los marcaron en su carita de noche

para dejarlos en el mundo de los ciegos

pero acá, ¡les digo!,  por mi pasaje el tuerto es rey,

y si pudiera el tirano arrancarnos la lengua lo haría

pero quedarían las manos y los pies

y quedarían nuestros abdómenes y nuestros huesos

nuestras médulas y los dientes.

Es octubre y

hay decenas de ojos deshermanados con el viento

Sí! con el viento  ese que mueve nuestros pañuelos

nuestros gritos  se achiraron se juntaron

con la cocina libertada y

salieron cantando con las cucharas y dijeron que no hay,

que no hay  silencio peor que el de la deuda y de tu llanto

cómodo mi hermana.

Inédito, 2019