CUARENTENA

Para este número traemos una crónica de Joaquín Hurtado (Monterrey, México, 1961). Narrador, cronista, profe jubilado, un poco de todo, hasta poeta. Algunas de sus obras: Guerreros y otros marginales, Laredo song, crónica sero, Ruta periférica, La dama sonámbula, Los privilegios del monstruo. Vuelta prohibida, Vol.1 y 2 -su obra reunida editada por Atrasalante. Ha publicado en diversos periódicos, revistas y suplementos.

Instrucciones para vivir en Monterrey

Uno
Los regios -perdón por el patronímico sangrón- pero así nos gusta llamarnos los oriundos de Monterrey: todos somos reyes, reinas, y cuantos títulos nobiliarios que de ahí derivan. Bueno, nomás no piense usted que somos nostálgicos de los rancios abolengos europeos. Los regios podemos ser las personas más generosas o mezquinas del universo. Sin embargo odiamos ser criticados por los extraños. Detestamos ser molestados por manos menesterosas, bocas pedigüeñas que vienen a nuestros palacios de Chipinque. Estamos en pie de lucha contra las políticas redistributivas de la riqueza nacional. Ergo, odiamos pagar contribuciones. De hecho aquí hasta los niños traen el brete secesionista. Un sueño larvado en las clases pudientes que viene desde el siglo XIX. El ruido separatista se ha incrementado con el arribo a Palacio Nacional de Andrés Manuel López Obrador. Cómo es posible -se preguntan aquí los regios de pura cepa en sus cadenas de wasap- que nuestra riqueza vaya a manos de holgazanes en Oaxaca, Chiapas o Guerrero, donde ni siquiera valoran el trabajo que ennoblece, nos forja como hombres y deja buenos fierros, además de la envidia del vecino. ¡Que se pongan a jalar! En el reverberante espejo que es Regiolandia cualquiera, por más prole que sea, se ve más como ario tejano millonetas que como sus hermanos y primos de piel morena de San Luis Potosí.


2. No es un mito de mala leche la supuesta tacañería y mamonería de nosotros los bárbaros. El regiomontano promedio lo piensa mucho antes de quitarse los chones ni para lavarlos. Billetote, camionetota, casotota, vieja bien buenota, y un dios vestido con dólares constituyen todo aquello que un joven aspiracionista egresado de sus grandiosas universidades necesita para ser muy pero muy feliz. Ah, y que nunca falten las pedotas con Tecate light, música buchona y carnita asada.

3. La calidez, la filantropía, el socorro al necesitado son legendarios en la imagen que tiene de sí el regio típico. Aún más en época de desastre. Los escritores y grillos de izquierda -esa plaga bíblica de mentirosos profesionales- se han encargado de dinamitar esta imagen idílica con propósitos inconfesables. El pueblo regio crédulo en las bonanzas del capitalismo más feroz les cobra muy caro la patraña, los excomulga, los mata de hambre, y campante prosigue su camino hacia el éxito financiero.

4. Los regios en su inmensa mayoría somos gachos. No gachos, gachísimos. Culeros. Vanidosos, cochinos, rebeldes, derrochones, homofóbicos, misóginos, xenofóbicos, racistas, clasistas, malmodeados, crueles, cínicos y codos. Sin embargo que nadie nos venga a echarlo en cara, no casamos con esos criticones que solo vienen a picarnos los ojos. El señorón de San Pedro o la ñora de la Indepe cierra su cartera, chasquea la lengua, frunce labios, enarca las cejas, da media vuelta, se burla del menesteroso guatemalteco y lo deja con la mano tendida. Luego pone un post en Feis ufanándose de su desprecio hacia el débil, de cómo negó un vaso de agua a la virgen María. De los muertos del Casino Royale en la época de Calderón, de los muertos por Covid que salieron de casa por necesidad económica. Escupe sin piedad a los familiares de los desaparecidos, tunde al jodido, y al hacer esto asegura su terrenito en el cielo.

5. La comida. Más allá de los platillos típicos que cualquier guía de turismo anuncia como típicamente regia -cabrito al pastor, carne asada, machacado con huevo, tortillas de harina, cortadillo de res, fideos fritos, glorias de Linares, tostadas de la Siberia, menudo picoso, barbacha de cabeza, chicharrones de la Ramos, frijoles con veneno, amén de bocados municipales y mil exquisiteces que nuestra cocina ofrece al paladar más exigente; existen mezclas, síntesis, revoltijos, fusiones, transformaciones de alto linaje que la creatividad y la glotonería local ofrecen en fondas, puestos callejeros, restaurantes de caché, mercaditos, fogones de medio pelo y taquerías desparramados en toda el área metropolitana. La proximidad con E.U. es una gran ventaja para exportar famas e importar ingredientes descabellados. El dios que reina y juzga en el cielo nos obsequia complacido varias estrellas Michelin. Que jamás nadie se atreva a criticar estas bombas calóricas o a profanar nuestra cultura por representar amenazas a los procesos digestivos. Será expulsado inmediatamente de las faldas del Cerro de la Silla.

6. La cercanía con Estados Unidos, el consumo compulsivo de refrescos, el sedentarismo, el gusto por darle gusto al gusto, sumados a nuestra contumaz e irresponsable manera de trompear como cerdos en cuanta fritanga y franquicia de comida chatarra se nos atraviese, tiene atestados hospitales y panteones con gente obesa, hiperglucémica, hipertensa, hiperuptothemother de triglicéridos, colesterol y lonjas que no se quitan ni con malteadas de Herbalife o sesiones fatigosas de zumba con las comadres. Somos glotones orgullosos y algo suicidas. Repito: que nadie fuera de la tierra de Piporro lo cuestione.

7. Sexy people. Hombres y mujeres, chicos y abuelas, maricas y prohombres, potentados y pordioseros, los regios poseemos cuerpos de tentación y caritas de terciopelo. Gobernamos el universo con gestos, acentos, bailes, canciones, calzado, modos, caminados, miradas y modelazos que nos hacen ver y nos hacen sentir la mera vena, la última Cocacola en el desierto. Al chile: nos caemos de buenos. Nos creemos bellos. Lo somos. Desde muy pequeños aprendemos a vivir con esta regia responsabilidad. Arrogantes arrollamos con nuestra enigmática beldad. Yo no conozco machos tan apuestos ni morras tan hermosas como los y las niñas de cualquier Mall o Soriana Hipermart, desde Apodaca hasta Santa Catarina. Al morir nos visten con el último grito de la moda. A los mamadotes y flaquitas, veteranos y milenial, el dios bellísimo que tiene su boutique en los cielos nos manda a diario su catálogo para siempre tener al puro pedo el guardarropa. Que se mueran los feos que vienen siempre de otros estados.

8. Recalco: La fodonguez del adefesio es foránea. Sacamos la pistola si alguien osa criticarnos con algún comentario del tipo: qué vatos y rucas tan zarrapastrozos se ven en las calles. Neta. Qué oso. Aunque Monterrey se distingue por la naquez provinciana de sus aborígenes, nos plantamos frente a la luna del ropero y guau. Las seños y los ñores se dejan crecer las panzotas hipopótamas. Qué horror. Así salen al súper, a bailar cumbias con sombreros ultramacuarros. Chíngale. Qué peinados tan equis, qué maquillaje tan chafa, qué vestidos tan de segunda, qué espantajos apestosos se bajan del camión. Dios permita que el diablo nos cargue y nos venda en el circo de los fenómenos abominables. Sí. En el fondo lo sabemos, somos bien ordinarios. Pero insisto, que nadie se atreva a decirlo en medio de la pachanga.

9. El tráfico cuando no hay tráfico. Oh, miren: el sereno regio no lleva prisa, no oprime desaforado el claxon, no saca la metralleta, no quema llanta, es amable, cede el paso, avisa con tiempo el cambio de carril, se estaciona donde debe, respeta los reservados; qué educado, qué atento, qué considerado con el peatón, con el ciclista, con el viejito de bordón, el ciego y el payasito de crucero. No mienta madres, no saca la lengua, ni manotea siquiera. Es un ángel de la guarda. Maneja tan civilizado. Ejemplo de buena educación al volante, un caballero inglés. Dios expide sagradas licencias a los choferes regios que lucen alas de querubín.

10. Si nos ven que volamos en el coche a rajamadre, es que viene tanta gente de allende el río Pánuco. Nunca, pero nuncamente digan que Monterrey tiene primer lugar en percances viales y muertos por accidentes automovilísticos a nivel nacional. Calle boca. No repita la patraña de que nuestra sed de sangre inocente es insaciable cuando nos ponemos al volante. El puto, el perrísimo trafico de los no-regios tiene la culpa. No las familias que tienen dos, tres coches por cabeza más uno por mascota. Hasta el cotorro tiene carro pa cotorriar con las cotorritas. Ese güey quiso agandallar mi turbo y pos no tuve más remedio que echarle la Hummer encima, pa que aprenda a respetar, el puñetas. Chócala con todo el peso de la Cheyenne a la pinche vieja, estúpida quién te enseñó a manejar. Rebásalo, pártele en su madre al idiota que va como baboso. No andas en la Alameda, joto. Tienes alas o qué onda. Tatatata ta, cagado mamón. Dios nos abandona a nuestra suerte en Gonzalitos y Constitución, pero qué importa si traemos al puro centavo el clima del coche comprado a crédito. ¿No te gusta? Agarra carretera y lárgate.

11. Créalo. El habla de los regios se habla acá, bien golpeada. Qué acento tan sublime. Qué rico vocabulario. Qué rico diccionario. Qué versátil nuestro glosario. Al típico regio le salen cultismos naturalitos antes de nacer. Qué verba más densa, académica, llena de entrañables zonceras. Qué chavas más alzadas y culas, qué ruquillos tan pizpiretos y güevudos, qué mamis tan ricas como su reputísima madre. Dios nació en Cadereyta y empezó a echar tersos putazos en la carnita asada viendo el fut clásico entre Tigres y Rayados.

12. Que nadie cometa el mal gusto de señalar lo rupestre de nuestra forma de hablar. Prohibido opinar esto que suena a herejía en Viernes Santo: ¡Pero qué boquita, hija, pareces carretonera!Hace un vergo de tiempo que ocupo voltiarte de un chingadazo por darme la contra, pelao. Sólo hay que rogar que nadien se nos ponga verga porque le vacío la tracatraca y le doy una cabronsísima arrastrada de padrastro putañero. Niño, cierra ya ese hocico que apesta a cañería. Dios resbala con tanto gargajo, azota y se pierde entre el lodo y la cagada del habla regiomontana.


-Si usted nos visita de otros lares, por favor siga esta breve y por supuesto incompleta guía del buen extranjero, admírenos, agradezca al cielo que Regiolandia existe en el mapa, y pase por favor a lo barrido. ¿Brindamos con una cheve bien elodia? Welcome!-