PATRIA GRANDE

Photo by Tiago Martins

La patria grande es para los hermanos americanos y las hermanas americanas. Patria gigante, continente de plazas y luchas, ríos de sangre y rosas blancas.

Para este número, invitamos a Juan Arabia, quien nació en Buenos Aires, Argentina, en 1983. Es poeta, traductor y crítico literario. Autor de numerosos libros de poesía, traducción y ensayos, entre sus títulos más recientes se encuentran: Il Nemico dei Thirties (Samuele Editore, Collana Scilla, 2017), Desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry, 2018) y L´Océan Avare (Al Manar, Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée, 2018). Actualmente es el director del proyecto cultural y literario Buenos Aires Poetry.


De El Enemigo de los Thirties

(Buenos Aires Poetry, 2015 / Samuele Editore, Italia, 2017

/L´Océan Avare, Al Manar, Francia, 2018)

EL OCÉANO AVARO

Y el que permanece en amor permanece en Dios, o sin él.

No hay todavía una criatura viva que no haya sido ni buena ni mala.

Defensor de la verdad, Rimbaud trenzó en el cielo su estadía.

Mientras dormía: la brasa de lo que comíamos ayer.

Voy a ir a Charleville con plata prestada desde el cielo.

Matar al individuo, a la experiencia… Soltar una lágrima. Disimularla.

Vivir en la hermandad del silencio… Perpetuo.

Quiero escribir con el corazón, y olvidar lo que estoy haciendo.

Quiero escribir como el aire es en el mundo.

El océano es avaro, decía el que multiplicó a la ciencia

y la acorraló en una ventana iluminada por el sol:

haciendo explotar los conductos que unen la ballena con el cielo.

Más tarde, la corona no alcanzó la montaña:

y guiñaron el ojo con la complicidad de un padre.

No fueron sus amigos quienes traicionaron

—una o dos ideas despiertas— la primera mañana.

Siempre existe una metáfora que se parece más al propietario de la tierra:

encerrar al animal, dejarlo comer y beber;

no sólo para que reproduzca su piel:

el campo es verde, y dice de qué color es el verde.

Despertando sueños como lo ya vivido.

Comiendo con las puertas cerradas, mucho antes de aprender a cazar.

Cada uno de los vértices esconde una parte del refugio,

del cielo, del campo, de la ciudad.

El ladrillo nació del carbón, mezclado con fuego.

El oro es el invento de unos pocos.


SUR

Las religiones y las espadas

no dejaron más que voluntades y creencias en el aire.

La amalgama entre el bien y el mal, de Cristo;

el exilio de Buda.

Evangelios Apócrifos: ahora el folklore sigue latiendo

en el viejo conducto del progreso y de la ciencia.

Nuevas máquinas reemplazan hasta el licor del contrabando.

—Me acerqué de nuevo a los textos sagrados.

Es poco el tiempo para leerlos:

el tiempo es nuevo.

Ya no hay látigos sobre la crin de un caballo,

el mundo es un asno quieto.

En el sur crecen las barbas del diablo,

las barbas de indio.

Dicen que sólo lo hacen donde el aire es puro.

Es un buen lugar para el último saqueo.


De desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry, 2018)

LOS FORAJIDOS DEL CANON

Los forajidos del canon,

sí, bajando en cuatro patas

desde la iglesia industrial,

lamiendo sus manos y piernas,

muriendo envenenados

por su propia decisión

y voluntad.

No hay ninguno que descanse,

y como una jauría persiguen

al cérvido blanco,

la Animalia más exótica.

“El barco es mío”, “¡En el altar hay fuego!”.

Depravados, pervertidores del lenguaje;

aullando en el gallinero de la prensa.

Hoy “la fama” sólo reclama un

“cambio de personal”.

Forajidos del canon, sí,

con millas acumuladas

de prostitución y falsedad.

Huyendo de sus padres,

y sus hermanos,

olvidando todo exilio

toda tormenta.

No. No vamos a olvidar

nuestra estadía en el campo;

ni los treinta años de retraso

que cedimos por dejarlos

prosperar, de pies a cabeza.

No. Nunca mataron al ciclamen

en verano.

Escuchen cómo

los huracanes helados

ahora emergen del rocío…


De literatura de límites (Buenos Aires Poetry, 2018)

HEMINGWAY

Hay hombres que abrieron sus ventanas por la noche

para echarse encima toda la tristeza del mundo.

Hombres que supieron trasplantar la niñez en su juventud,

y que supieron transformar el mal tiempo y la lluvia

imaginando lejos un lugar donde pasar el otoño

y la nieve crujiera en los caminos.

Tal vez lejos de París podría escribir sobre París, pensaba.

Y así se fue alejando de todo, incluso de él y de la escritura.

Porque hay hombres que abrieron sus ventanas por la noche

para echarse encima toda la tristeza del mundo.

Hombres que supieron trasplantar lo mejor de su juventud,

cargaron sus armas, y perdieron así una estación de la vida.


SAN TELMO

El vivo cementerio congela las brasas de la pobreza,

edifica gritos fantasmales que de noche se ocultan

en la tenue y amarilla luz de un farol, luna de borrachos,

donde el sueño se acomoda junto a las calles de piedra.

En la calle Benthlem alguien suelta una carcajada eterna,

un licor extremo, como agua oscura derivada de un pantano.

En verano las palomas extienden sus alas,

el muerto color azul de sus flores envenenadas.

Hasta que la misma especie vuela por primera vez,

parecido al vómito del adolescente que descascara

dentro de su garganta el grito del alcohol y ácidas naranjas,

mezcla de infancia, temor y sensatez.

El invierno es egoísta, como todos los santos,

y las calles se acomodan a la oscuridad de siempre.

El mismo fuego que debajo del cementerio

enciende, sin culpa, las condenadas brasas de la pobreza.


De Hacia Carcassonne (Pre-Textos, Valencia, 2020)

Almea

Las nubes de esta noche desdibujan demonios en el cielo

destruyen las horas azules donde alguna vez Almea

nos convocó a respirar una ciudad que florecía enormemente

sin estas brasas malignas que arruinan todo

donde nada ríe y los cascabeles pedalean

hacia un mismo sitio de oscuridad

fosas de hambre piedras un rincón de silencio atado

estériles sapos últimas máscaras flores difuntas

que sólo favorecen al carbón y al fondo del estanque.

Alguna vez Almea hizo del frío el rastro de un conejo

invirtió caudales sembró maíz sin matar coyotes

asesinó a la especie reemplazando un solo color de la naturaleza.