RESIDENTE

Espacio para que las voces que migran, que viajan, que transitan y que residen en la figura jurídica de este país, entre la Cordillera de Los Andes y el Pacífico. Sin caerse al Cabo de Hornos.

Para este número de verano, residen con nosotros la poeta y editora Gladys Mendía (Maracay, Venezuela, 1975) Técnico Superior Universitario en Turismo. Licenciatura en Letras. Traductora del portugués al castellano; contando entre sus trabajos más resaltantes, la antología poética de Roberto Piva titulada La catedral del desorden (ARC Edições, 2017). Fue becaria de la Fundación Neruda (Valparaíso, Chile) en el año 2003. Ha publicado en diversas revistas literarias, así como también en las Memorias del Primer Festival Internacional y Popular del Libro 2007, Bogotá, Colombia; en la Antología El Hacer de las Palabras, San Juan, Argentina 2007; en la Antología El Mapa no es el Territorio, Editorial Fuga, Valparaíso, Chile 2007; en la compilación bilingüe  51 autores contemporáneos, Ediciones Arcoíris, Francia 2008; en la Antología Tránsito de Fuego, Editorial de la Casa de las Letras Andrés Bello, Caracas, Venezuela 2008, en la Antología del Encuentro Latinoamericano de Mujeres Poetas Conrimel, Santiago, Valparaíso, Chile 2010 y en las Memorias del IV Festival Internacional de Poesía Joven “Ileana Espinel Cedeño” 2011, Guayaquil, Ecuador. Sus libros: El tiempo es la herida que gotea, Paracaídas Editores, Lima, Perú, 2009; El alcohol de los estados intermedios, Editorial El Perro y la Rana y Nadie Nos Edita Editores, San Cristóbal, Venezuela, 2009, teniendo una segunda edición en 2010 por la Fundación Editorial Fundarte, Caracas, Venezuela; La silenciosa desesperación del sueño, Paracaídas Editores, Lima, Perú, 2010; La grita, Homo Scriptum Editores, México y El Barco Ebrio, Estados Unidos, 2011; Las inquietantes dislocaciones del pulso, Colección Vaca&Porruda, Color Pastel-Fanzine de Poesía #7, Buenos Aires, Argentina, 2012 y por Trizadura Ediciones en Santiago de Chile, 2018. Su más reciente libro El cantar de los manglares, Ediciones Filacteria, Santiago de Chile, 2018, fue también publicado en inglés The singing of the mangroves, por Carnaval Press, Londres UK, 2019. Ha sido traducida al catalán, portugués, inglés, sueco y francés.


Del libro Inquietantes dislocaciones del pulso (Trizadura Ediciones, 2018)

A seiscientos kilómetros por hora cuestiono todo
No tengo paz ni sosiego y digo cuestiono todo
Me dejo llevar me gusta cuando sucede
El animal que soy sobre las catedrales husmeando
Mi desmedido desenfado mi boca salvaje
Cerrando y abriendo puertas espantosas
La micromáquina filmadora de sueños
Una escalera una antorcha para quemar la nueva Babilonia

Víctor Valera Mora

DISLOCACIÓN ANATOMICA DE LOS GRAFITIS

esos ojos no son ojos son representaciones titubeos del encuentro de aquellas cosas que no son que están cayendo esa boca no es la boca no es una boca es la música es la grieta es la máscara es el descalabro es la transgresión del decir del experimentar del ERRAR de lo inquietante yo me condeno eternamente a mirar

los pedacitos brillando en la calle luego de reventarse los vidrios en la simulación de sus labios detrás de aquel muro gira su amor espera la última raspadura de un beso esa muchacha ya no mira la otra se toma las manos sentada en la acera persigue colores aprieta los puños sus ojos siguen abiertos dos mujeres sentadas no se miran se borran

se dicen sonámbulas estos meses no tienes nombre te faltan dos palabras para ser entonces me hago palabra y estoy rayada en el muro contando las horas

las palabras corriendo tras ella por baires siempre las palabras a sueños luz de distancia pero siempre en los talones mordiendo los talones que no son sino el equilibrio del alma fiel arabesco del cuerpo

no hay crudeza más lenta que la de un talón sosteniendo una pierna temblorosa en la plaza no hay crudeza más mecánica que la aceleración de un espray cantando a la avenida su hondo desfiladero

la irregularidad del muro el calor emana el asfalto en la madrugada nosotros vemos esas letras de hielo negro el voltear de la luz ficticia en el pliegue de su pañuelo blanco yo me prohíbo terminantemente sentir ella agita el espray gritando la distorsión del lenguaje

SOLUCIONES PARCIALES DEL DESCALABRO

y entonces qué hacemos dijo ella desde la plaza la memoria la rodeaba en una figura asimétrica salvándola de la fotografía que era su historia nada le dijimos pero pensamos en los cálculos en la caída del espray sobre el polvo sabíamos que la salvación era la medida esa cristalización de tinta en los muros cobrando vida en la mente de quien los leía luego ella quiso ser muro nos pidió que le rociáramos espray en los ojos escribiéramos la ondulación del caos en sus manos y lloviera que lloviera mucho en la televisión mental porque la fantasía de las noticias le ensuciaba el ánimo porque sabía lo imposible de encajar las piezas de la catástrofe en el vórtice de la distorsión que somos aquello imaginado mientras nos cepillamos los dientes soluciones parciales dijimos ante la peste soluciones parciales

primera solución caer in determinarse en el vértigo

segunda bicicleta volar volarse los sentidos
tercer vitral usar todos los nombres
repetirlos con furia
cuarta lluvia comer un mango convidar a otro
quinta morada ESCRIBIR perderse en la peste

TRANSGRESIONES

agítalo rápido que vienen le susurramos agítalo y rocía baña muerde la peste que estos son los días de la disolución de la luz ultravioleta y moléculas de eslabones cruzados  morder la peste desde adentro no sirve lo sabemos pero insistimos  repetimos la invasión del grafiti cada noche nos persiguen y vuelven a dejar todo en blanco  tenemos el estómago lleno de petróleo buscamos los códigos en la luz del abismo

nos toca la muerte que hincha la garganta  tiritando como polen disperso en el aire somos las alergias de otros  nos arde la panza esta es la carretera más larga en el laberinto de la peste negra  anda hazlo trízanos    las fracturas germinan azúcar quemada en nuestros cerebros

presentimos a los afónicos GRITAR en el día tenemos aceite en la garganta la noche la usan para morir sin que nadie se entere los afónicos se descomponen en voces chiquiticas que nos agujeran las venas todos tenemos las mismas llagas tosemos la peste negra y se imprime en serie

los parásitos mentales quieren pintar un cuadro pero también tienen las extremidades pegadas por el aceite muy negro y espeso

SOBREVOLANDO EL SUBTERRÁNEO CRUJIR DEL RIO

no hay nada más terreno que un río arrastrando sus aguas arrastrando sus burbujas llevando las piedras huesos a cuestas el río muerte que nunca descansa de agua dulce pero frío no es la inclinación de la tierra la que hace que el río baje el río baja porque tiene que bajar buscar su caída

la lengua de los finados son las burbujas del río por eso no hay tiempo en su CAER un día tragué tanta agua que mi cuerpo contenía la pesada muerte arrastrándose después era una burbuja tragada por un pez y subí contracorriente subí al profundo donde las piedras huesos son nubes sobrevolando el subterráneo crujir del río