TRASATLÁNTICA

Cruza el charco. Atlántico. Ahora somos los hijos de la patria grande americana los que cruzamos. Conquistar ese nuevo mundo desde este, el novísimo.

En Trasatlántica, iremos a la búsqueda de las voces contemporáneas de Europa. La Europa del Este y el Oeste. De la Unión y fuera de ella.

Para el número del verano del hemisferio sur, invitamos a Yekta, quién nació en Vallée aux Loups, Francia, en 1979. Ha sido invitado a numerosos festivales internacionales y ha publicado en revistas como Avel IX, Bacchanales, Borborygmes, Commune, La Passe, Pyro, Le Sabord, Sarrazine, La Traductière, o Voix d’encre. Es autor de Veilleur sans visage/Vigilante sin Rostro (Le Grand Incendie, Collection In vitro, 2009), Registre des ombres/Registro de sombras (L’Oreille du Loup, 2013) y Rotas para el extranjero /Brisées pour l’étranger (Petra, 2018). Yekta también colabora como músico en diversos proyectos relacionados con la poesía. Así, compuso la música de varios vídeos poemas, realizó un libro-disco con las Ediciones Transignum (El traga reflejos/Le mangeur de reflets, 2016) y trabaja actualmente en la grabación vocal de sus textos.

Acá con ustedes un fragmento de Registro de las Sombras:

© Yekta

© Myriam Montoya pour la traduction en espagnol

© Éditions L’Oreille du Loup pour la présente édition, 2013

canto tercero
charada para decir al claro de bruma

Ellos son la angustia y el misterio

Y sus bastones son los badajos

De las campanas de la miseria

Que suenan a muerte sobre la tierra.

Además, cuando caen al fin,

Secos de sed, rotos de hambre,

Y se echan como lobos,

Al fondo de un hueco,

Los que regresan de allí,

Después de los trabajos cotidianos,

Enterrar a prisa sus cuerpos

Tienen miedo de mirar de frente

La eterna amenaza

que brilla bajo sus párpados, todaví.

Emile Verhaeren


Los mendigos

llovizna de un canto que ninguna mano retiene  eres solo un escapulario de palabras perdidas no eres más que una charada para decir al claro de bruma

tu primera tiene cruces sobre los puños quemaduras en los tobillos y arrastra entre los muros descarnados los afiches en desgarraduras silbando sus canciones de loca

ella ha rellenado los pechos desplegado los sexos afilado las lenguas rubricado los labios la hemos dejado por muerta en las puertas de la ciudad  en su lecho empedrado y de saliva seca por el insulto achispado por la sangre va de portal en portal un silbido de puerta oxidada en la garganta va por pasillos de cavas en jaulas de escaleras sobre el vientre o en la punta de los pies

ella inventa un lenguaje de arrugamientos y de soplos un conciliábulo de ramitas de osamentas y de guijarros al transeúnte perpetuo ofrece una lluvia de plumas al lisiado al enfermo un réquiem de copos negros


tu segundo tiene por corazón un minúsculo pedazo de tiza que el cielo colorea a voluntad y los brazos de un molino que el viento deshace

en el cartón masticado de las carnes sus pupilas son dos huecos por donde se despeñan las tinieblas

él tiene sed de una tela de éter o de un retazo de cloroformo sed de un sueño entre las orugas del poema que se busca en su vientre vacío

disgustado en la aurora de un día que no llega nunca envenenado en sus plagas en su penuria de estar fascinado por el fuego helado de los puñales donde su hambre sola se refleja pitanza de sal


tu tercero duerme entre las chimeneas de las fábricas contra latas de depósitos en las cubiertas de andamios

él siembra cápsulas y clavijas de sueños con gusto de viejo navío por los cuales percibe las vidas clandestinas abriéndose caminos entre piedras y raíces la señalización de las lunas la circulación de los pájaros nocturnos ululando lenguas muertas en los campanarios de las iglesias

sus brazos son ramas de sombra donde sangran los secretos náufragos de los arrabales donde tiemblan los jirones de antiguas pieles

sobre sus manos las luminarias hacen llorar nombres que servirán de guías en los murmullos confundidos de los mundos que se despiertan en él


tu todo es una locura de las hojas del libro infinito sobre el cual se juega la gesta de las márgenes la efemérides de las infamias

un tornado de falenas una polvareda de oro un revuelo de lágrimas en la luz sucia del insomnio

delante tuyo camaradería de vendedores de manos sucias para entrampar los umbrales detrás de ti sociedades de contadores con los ojos a la funerala para borrar tus trazas en el monte de los archivos

nuestro cristo es un bufón con los brazos rotos enfermo que babea sobre los vidrios del asilo nuestro salvador es un trovero con valium desmayado en su vomito