TRASATLÁNTICA

Cruza el charco. Atlántico. Ahora somos los hijos de la patria grande americana los que cruzamos. Conquistar ese nuevo mundo desde este, el novísimo.

En Trasatlántica, iremos a la búsqueda de las voces contemporáneas de Europa. La Europa del Este y el Oeste. De la Unión y fuera de ella.

Para este número nos acompaña Indrė Valantinaitė (n. 1984, en Kaunas) es una poeta lituana.  Estudio administración en las artes en la Universidad de Vilna y en la Academia de Artes de Vilna.

Ha publicado sus poemas en muchos periódicos y revistas literarias. Publicó su primer libro en 2006. Su primer libro, “De peces y Lirios”, le valió el primer premio en la categoría de poesía del Primer concurso de libros de 2006 de la Unión de Escritores de Lituania.

Su segundo libro “Cuentos sobre el amor y otros animales” (2011) ganó el Premio Young Yotvingian en 2012.

El tercer libro: Trumpametražiai (The Featuarettes, 2017). Curiosamente enfundado…cuyo título alude en la cubierta de terciopelo verde, significado del material, ya que los asientos de cine a menudo están cubiertos de forma similar.

Además de escribir poemas, Indrė canta, ganadora de varios festivales de la canción. También es periodista y productora de televisión.

Sobre poesía:

Indre nos dice: yo “dibujo” mis poemas. Veo la imagen y la cubro con los trajes de la poesía. He hecho esto desde los seis años cuando apenas aprendí a escribir. Existe esta idea, con la que tendría que estar de acuerdo, de que los artistas son científicos simulando intentar comprender  cómo o de qué modo está hecho el mundo.

Al relatar mis historias, investigo e intento descubrir los campos de minas y las islas del tesoro escondidas adentro de nosotros. La belleza es inagotable, al igual que el dolor que nos rodea.

La poesía es una forma de crear la paz con los constantes cambios en los que estamos inmersos. Así como comprender el mundo y aceptarlo tal como es.

 Todos los poemas de Indrė Valantinaitė. Traducido al Castellano por Juan Garrido Salgado© 2019

La Pieza del Hotel

Él viaja bastante

cada noche la renta de su hotel

pareciera que le demandará tomar siete calles.

allí hay; una biblia y un mini bar

dos posibilidades de poseer el mañana.


Paseo de la Libertad

En el casco antiguo de la casa donde vivía mi abuela

entre guerras, nació mi padre-debajo del desván en el que murieron de hambre.

Un restaurante de moda ha establecido una tienda

Asisto a la inauguración, estoy parada, en mis manos un plato de exquisiteces

En mi vientre un extraño sentimiento de culpa.

el techo separa el espacio donde mi abuela, dejó su nota…

Levanto mi mano vendada y brindo

celebro la vida de ambos.


Visión

Hay días en que es tan difícil, tan banal  tomarse un trago.

Días cuando me falta la fuerza para deslumbrarme

con la fragancia de las flores que se inclinan hacia ti.

Todo existe para quedarse un momento, como si una abeja volara

para dar consejos: uno, dos, tres: ¡abres los ojos!

ves los tensos y brillantes hilos del ser

temblorosos hilos, diáfanos, que se extienden desde las cosas animadas.

Más tarde, habrá días interminables..

(Aunque algunos regalos son demasiado grandes para envolverlos bien).

Angkor Wat

En el santuario la bailarina con una bala en su panza de piedra

gira y gira, tuerce sus caderas y muñecas

repitiendo eternos movimientos de veneración

para los dioses desmoronados en frescos implacables.

mientras sus cabezas revendidas están

cómodamente instaladas en los lujosos interiores de este mundo


Hora del hambre, año del lobo

I

En la hora del hambre me diste un pedazo de corona

mientras caían las migajas de piedras preciosas,

a veces me cortaban y no necesité vino

A la hora del lobo, la semana fría, el mes de fragmentos y el año del diablo.

II

En el bosque intransitable

tallo un trono de piedra y me cubro con las pieles del silencio

esparciendo los fragmentos por todas partes para mantener alejadas las bestias.

————–

Cuando muera mi coproductor musical,  habrá leídos todos los libros, se deslizaran de sus piernas adormecidas

mi boca por el pasillo se curará esperando los restos afilados de una corona


Lena

El cocinero de la cafetería del complejo Lenaleans, fuma contra

la jamba de la puerta.

A través de la cortina de lluvia, una mirada aguda como un cuchillo

atraviesa el mar pescando los peces que aún no han sido capturados.

Los bolsillos mojados de su delantal están vacíos. Ella acaba de devolver la llave.

Un pez con dientes afilados adorna el letrero del café.

Ucha, plato único sopa de pescado.

en la cocina el sonido cortando cabezas de pescado: pica, pica, pica…

La chismosa,  amante de la dueña se limpia las manos en sus jeans:

joven de cabellos dorados

Lena en bolso lleva una cremallera rota con tres chuletas tibias,

cena para ella y sus dos hijas.

El último autobús a casa sale en dos horas.


Cáscara

Desde el momento en que me mudé de ti, me deslicé como un caracol;

con sus fragmentos afilados de caparazón roto pegado al cuerpo viscoso.

Huellas no deseadas dejadas atrás.

Millones de hoteles del mundo, hechos de hielo, de marfil, piedra, sal,

inundados de desconocidos idiomas, rostros, costumbres, mares,

se esconderían, abrirían sus puertas. Volvería a donde, hace veinte años,

destrocé una medusa muerta, una nube transparente del color del agua.

En ese tiempo cuando no tenía que usar la parte superior de mi traje de baño.

Mis dedos pincharon su cuerpo sin forma. Arcilla de moldear.

Esto se llamaría “comenzar de nuevo”, moldeándose

desde las primeras palabras hasta la punta de los pies.

Donde alguna vez estuvo mi corazón: fragmento afilado de vidrio,

con el tiempo crecerán pétalos de músculo tejido en cada latido

no picará tanto, me recordará un poco la culpa, la procedencia y el idioma nativo.


Nadadora

Una mujer se levanta de su toalla verdosa, se sumerge en el mar

(hasta los tobillos primero, las rodillas, la cintura, el pecho, los hombros, hasta llegar al cuello)

Así su pequeña figura se diluye bajo un abanico de olas con chorros de encaje.

El viento pasa lentamente por las páginas, leyendo el libro que deja en la orilla.

Al anochecer, retorna el tomo andrajoso a la biblioteca de las dunas, llenando la

boca de cada personaje con arena, siguen viviendo, sofocando las oraciones

escritas en un idioma desconocido.

Extraña, de unos treinta años. Nadie sabía quién era. Había viajado sola.


Kiev (Salero)

capiteles de madera de las iglesias ortodoxas perforan la niebla

el primero de septiembre en las afueras de Kiev

al lado de la carretera dos veces más grande brilla una trenza blanca

que es la cabeza de un niño de primer grado.

gitanos mendigando con niños prestados, calcetines rosas debajo de faldas

vendedores ambulantes; remendando, limpiando con esmalte las uñas,

Los carteles de un carrito de helados con osos blancos desteñidos,

Un carro de kvas, redondo como un hipopótamo borracho.

Sigues tomando fotografías. Viajamos en el tiempo

Junto al río, compro un lechón de madera de un ebanista sordo.

Sale la sal, por los agujeros de su hocico. Para la comida de hoy,

Pensando en ti, ahora, tan distante: un ejército de vello en punta de una muñeca delgada.


Reina de cuatro años

Tenía cuatro años cuando me convertí en reina.

En la casa y en el patio, mientras un coro de cuervos cantaba desde la antena.

Solo unas pocas líneas en mi palma: Gloria y Vida. Mancha de chocolate en la

Comisura de mis labios.

Solo temo a la oscuridad. Cuando el crepúsculo extiende sus piernas ante mí,

marco los jeroglíficos en el tapiz de papel con una mirada, y no parpadeo hasta

que vuelven a casa.

Reino y lloro en un sillón granate a lo largo de la pantalla en blanco y negro,

sin ninguna razón.

Calcetines estampados de franela donde caer los diamantes.

Una cometa en una camisa, pegada no volará. Una corona-un rublo cuarenta- brilla.


Reloj biológico

Transmitido de generación en generación. Una antigüedad.

No puedo llevarlo a la casa de empeño, está muy arraigado dentro de mí.

Mi reloj biológico suena- tictac- como un explosivo en la mano de un terrorista.

Algún día daré a luz. Un día arrojaré un pez pequeño al acuario de tiburones.

Seré primera habitación de mi hijo, con ventanas oscuras,

lo dejaré en una estación de luz. Pero cada vez hay más artículos en los periódicos:

 sobre inundaciones, suicidios, tormentas, accidentes y otros castigos.

Mi reloj biológico funciona como explosivo en manos de un terrorista.


Lo más probable que seré una vieja flaca

Desgarrando sus besos y sus miedos, se despierta por la noche para sorprenderse de todo lo que la ha cambiado.- Paul Eluard

En 2055, probablemente seré una vieja flaca y no ocuparé mucho espacio

en los autobuses, ni en las colas.

En medio siglo, solo el espejo del baño y los médicos mirarán mi cuerpo.

Solo me tocarán los vestidos de noche sudorosos, desgarrados en la axila.

Luego, antes de quedarme dormida, recordaré el sabor de la lengua,

la saliva de mi amante y de todos ellos los que me deseaban desde hace mucho tiempo.

Y – cómo cruje la cama cuando dos yacen sobre ella.


Una Cruz

Una cruz sobre la cama de mis padres. Una cruz sobre la cama de mis abuelos.

Una cruz entre mis senos pequeños en el primer día de comunión.

Aprendí los Mandamientos de memoria, pero no pude contener mis celos

por el vestido más bonito de Lina D.

Las oraciones las recitaban como poemas

confesaba todos mis pecados, estaba segura de que no volvería a pecar.

Entonces,  tenía solo once años.


Escena de Navidad

Escena de Navidad: ovejas eterna, como Dios.

Las cuento a todas. Ninguna está perdida.

Tengo 4, 14, 24.Cada año me detengo antes del nacimiento- composición pintoresca.

Después de las vacaciones, la mujer de la limpieza

recoge escrupulosamente las estatuas de yeso y empaca las sagradas muñecas en una caja.

También, lo hace con los animales del establo, el musgo, la estrella de aluminio,

la fuente eléctrica que compraron el año pasado.

Nuestro Dios nace como un bebé cada año, sin tiempo para crecer.

Nuevamente, llega como un recién nacido en el pesebre de cartón.

Qué frágil es el todopoderoso.

Dejo caer una moneda en la caja, enciendo una vela por mi ex novio,

El mismo día que Dios para navidad recibe un regalo en vez de dos.

Su foto del primer grado desvanecida, todavía está en mi billetera.

Soy la madre que nunca ha dado a luz.


Bendito sea el ternero

I

Bendito sea el becerro de cuyos zapatos fueron hechos a escondidas

Bendito sea el carnicero, el curtidor y el zapatero,

Las pequeñas manos de la vendedora, que colocaba sus tacones altos en una caja de verde oscuro, la tienda de calle estrecha en el casco antiguo de la ciudad.

Bendito sea el becerro de cuyos zapatos fueron hechos a escondidas.

Zapatos que me llevaron a ti.

II

Maldito sea.